Discurso en la conferencia internacional sobre la cobertura del riesgo enfermedad en los paises en desarrollo.

Discurso del Señor Jacques CHIRAC, Presidente de la Republica Francesa, en la conferencia internacional sobre la cobertura del riesgo enfermedad en los paises en desarrollo.

Imprimir
Traducción : français- english

Centro de convenciones internacionales - París, 16 de marzo de 2007



Señora Directora general,
Señora Vicepresidenta,
Señoras y Señores Ministros,
Señoras y Señores,
Estimados amigos:

Como todos sabemos, la globalización presenta dos rostros. Es un formidable motor de desarrollo y de creación de riquezas, portadora de inmensas esperanzas e inéditas oportunidades. Pero la globalización es también generadora de exclusión para centenares de millones de mujeres, hombres y niños, presas de la pobreza extrema, de condiciones de trabajo indignas, del hambre, del analfabetismo y de la enfermedad.

En un mundo cada vez más rico y más abierto, que ofrece la imagen de una opulencia a veces insolente, la miseria resulta aún más indignante, esa miseria humana y moralmente inadmisible, económicamente insoportable y políticamente peligrosa. ¿Quién sería tan ciego como para considerar que es viable y seguro un mundo en el que todo se sabe en cualquier parte, donde coexisten una riqueza sin precedente y una pobreza de masas?

Una de las grandes luchas de nuestra época es una lucha de dimensiones planetarias; me refiero a la lucha por el progreso, por la dignidad humana y por la igualdad de oportunidades. Es la lucha por una globalización que redunde en beneficio de todos.

Esa es justamente nuestra lucha. Por eso me complace encontrarme hoy entre ustedes, con motivo de la clausura de esta conferencia internacional. Juntos, demostramos que la causa por una globalización humanizada y controlada avanza en las mentes y en los hechos y se expresa mediante recomendaciones concretas en pro de los más desfavorecidos.


¿Cómo avanzar hacia la erradicación de la pobreza, fundamento indispensable para la estabilidad mundial, tal como nos comprometimos al aprobar los Objetivos del Milenio? ¿Cómo lograr esta globalización de la solidaridad? Es la única capaz de brindar a cada uno la oportunidad que le corresponde y evitar así que centenares de millones de excluidos busquen por otra vía, la de la emigración o la de la rebelión, la respuesta a su desesperanza.

Antes que nada, debemos forjar una alianza mundial entre el dinamismo económico y la conciencia social. Fomentar, por cierto, el espíritu de empresa, la investigación, la innovación y las nuevas soluciones, pero también colocar la preocupación social en el centro de las políticas de desarrollo.

Actuemos para dar un nuevo aliento al diálogo social mundial, para promover el trabajo decente y los derechos fundamentales en el mundo laboral, para luchar contra las discriminaciones, en particular entre hombres y mujeres, y para fortalecer la responsabilidad social de todos los protagonistas. Nos hemos comprometido a alcanzarlo, en particular mediante las convenciones de la Organización Internacional del Trabajo. Constituye una de las condiciones para que la globalización sea aceptada tanto por los trabajadores del Norte, deseosos de mantener una competencia leal, como por los del Sur, deseosos de tener una retribución justa por su trabajo.

Rechacemos de una vez por todas la idea que la globalización no admite ningún tipo de control ni de regulación. En el pasado siglo, los países industrializados dictaron reglas encaminadas a enmarcar el avance del capitalismo naciente, muchas veces después de décadas de luchas sociales. Se ha demostrado de manera inequívoca que la justicia social contribuye al progreso económico y fortalece la cohesión entre las naciones. Sepamos equilibrar los progresos de la libertad de los intercambios económicos mundiales con avances equiparables de la solidaridad internacional.



Para prosperar por esta vía, hemos de dotarnos de nuevos instrumentos y de nuevas modalidades de acción.

Precisamos, antes que nada, de recursos financieros suficientes para ayudar a las poblaciones excluidas a beneficiarse de los derechos sociales fundamentales como la alimentación, la atención sanitaria básica, así como el acceso al agua potable y a la educación para todos. Nos referimos a 800 millones de hombres, mujeres y niños que no llegan a saciar su hambre y a 2 mil millones de personas que viven con menos de dos dólares diarios.

La ayuda pública al desarrollo, que nos comprometimos a llevar al 0,7% del PIB, progresa desde hace algunos años, pero seguirá siendo insuficiente para recaudar los fondos necesarios. Por eso es menester desarrollar mecanismos de financiación innovadores.

Algunos pretenden que tales medidas entrañarían un esfuerzo financiero insoportable para el planeta. No es cierto. Cada año, la riqueza mundial tiene un crecimiento de unos 2 billones de euros. Los fondos adicionales necesarios para cumplir con los compromisos del Milenio se calculan en 100 mil millones de euros por año. Es decir, ¡tan sólo el 5% del crecimiento de la riqueza mundial! ¿Será tan utópico? ¿Será tan peligroso para el crecimiento mundial?

Antes parecía imposible distribuir a los enfermos de los países pobres tratamientos modernos y muy costosos: estamos demostrando que no es así. A través de UNITAID, Francia, con ya más de 20 países que participan con ella, decidió asignar el producto de una contribución de solidaridad sobre los pasajes aéreos a la compra de medicamentos a precios reducidos. Gracias a esa decisión y gracias igualmente a los esfuerzos desplegados por el Fondo Mundial y a la acción sobre los precios de los medicamentos, estamos logrando un triunfo decisivo contra las enfermedades infecciosas.

La lógica de esta experiencia piloto debe extenderse a otras obras fundamentales para el acceso a los servicios esenciales.

Con este enfoque debemos abordar la problemática de la falta de protección social que hoy aqueja a la mitad de la población mundial. Establecer mecanismos de seguridad y de cobertura por enfermedad significa romper el engranaje fatal que cada año sume a centenares de millones de personas, víctimas de una grave enfermedad, en una total indigencia.

Nuestra historia demuestra con toda claridad el enorme beneficio colectivo, el dinamismo y el progreso que aporta la cobertura solidaria del riesgo individual. Al proteger a sus trabajadores contra el riesgo relativo a la enfermedad, las sociedades industriales nacientes fueron consolidando su crecimiento: hoy es urgente generalizar a escala planetaria los sistemas de perecuación y de mancomunación de los riesgos que edificamos en los países desarrollados.

Tal vez parezca fuera del alcance de los países pobres, donde los salarios son sumamente bajos y las estructuras de la economía formal todavía demasiado frágiles.

Múltiples experiencias exitosas, particularmente en África, prueban que es posible, con independencia del nivel de riqueza de los países considerados. Demuestran que se puede evitar que los países más pobres queden al margen de la atención sanitaria, por carecer de recursos financieros. Será posible lograrlo mancomunando los esfuerzos y utilizando las técnicas financieras adecuadas, como el microseguro.

Para progresar por el camino que ustedes han abierto, propongo tres prioridades. Tres prioridades que ya en esta primavera podrían servir de inspiración a la Cumbre del G8, que Alemania ha decidido atinadamente dedicar a África y a la dimensión social de la globalización.

Primera prioridad: crear una plataforma internacional para la financiación de los sistemas de salud en los países pobres. Esa plataforma se sustentaría en un consorcio entre la OMS, la OIT y la cooperación alemana, al que Francia va a sumarse. Congregaría a los proveedores de fondos multilaterales, las grandes instituciones especializadas y las agencias de cooperación de los Estados. Esa plataforma tendría como responsabilidad la de determinar los principios fundamentales en la materia.

Segunda prioridad: llegar a un acuerdo para que las recomendaciones de los principales proveedores de fondos, internacionales y bilaterales, relativas a la lucha contra la pobreza, apoyen sistemáticamente el desarrollo de sistemas de seguro de enfermedad en los países a los cuales prestan su ayuda. Si mañana el FMI y el Banco Mundial se comprometieran en ese sentido, constituiría una señal de incomparable alcance.

Tercera prioridad: decidir acompañar a los países que se comprometan a construir sistemas de seguro de enfermedad, aportándoles un complemento financiero necesario para su viabilidad. Podríamos reflexionar sobre la financiación de sistemas de ese tipo, por medio de mecanismos innovadores.


Señoras y Señores:

Su presencia aquí da fe de su voluntad de no seguir permitiendo que centenares de millones de mujeres, hombres y niños estén luchando solos para garantizar las condiciones de su supervivencia. Es el reflejo del compromiso de todos ustedes al servicio de la dignidad humana.

Hacer que progrese la cobertura del riesgo de enfermedad representa una contribución decisiva a esta dimensión social de la globalización, fundamento de un desarrollo más justo, más sostenible y más respetuoso de las generaciones futuras. Constituye un paso determinante para garantizar el acceso de todos a la salud como derecho humano fundamental. Es una condición para la erradicación de la pobreza, factor de paz y de crecimiento equilibrado. Es la expresión de nuestra fe y de nuestro compromiso compartido al servicio de la humanidad, de su dignidad y del respeto de sus derechos fundamentales.

Muchas gracias.





Otros sitios