Discurso del Sr. Jacques CHIRAC, Presidente de la Republica de Francia, con motivo de la apertura de la XIII Conferencia de Embajadores

Discurso del Sr. Jacques Chirac, Presidente de la Republica de Francia, con motivo de la apertura de la XIII Conferencia de Embajadores (29/08/05)

PALACIO DEL ELISEO- LUNES 29 DE AGOSTO DE 2005

Señor Primer Ministro, Señor Ministro de Asuntos Exteriores, Señoras y señores Ministros, Señoras y señores Parlamentarios, Excelentísimas señoras y excelentísimos señores Embajadores: Para mí es un placer recibirles en el Elíseo para inaugurar la conferencia de embajadores que se llevará a cabo bajo la dirección del Sr. DOUSTE-BLAZY y los miembros del Gobierno que lo acompañan en su misión. Son ustedes, en condiciones a veces muy difíciles y siempre exigentes, los portadores del mensaje de Francia: un mensaje universal al servicio de la dignidad del hombre y del progreso, ya que los valores de libertad, de justicia y de solidaridad de nuestra República, esos valores fundadores de nuestro pacto social, dan su singularidad a nuestro mensaje y son igualmente puntos de referencia en un mundo que se encuentra a la búsqueda de nuevos equilibrios. Hoy más que nunca, Francia debe estar en la vanguardia de la acción y ustedes son su motor. * La acción, ante todo, para responder a las amenazas contra la paz y la seguridad internacional. Los atentados que lastimaron este verano a Londres y Charm El-Cheikh, Turquía e Israel nos recuerdan la permanencia de la amenaza terrorista. Contra esta barbarie que usurpa y desvirtúa las causas que pretende defender, debemos luchar sin descanso ni flaqueza, por supuesto, siempre respetando íntegramente nuestros valores. Las crisis de proliferación mantienen la inestabilidad regional y amenazan los equilibrios estratégicos. El recurso a la energía nuclear civil, plenamente legítimo, no debe servir como pretexto para llevar a cabo actividades cuya finalidad real podría ser la constitución de un arsenal nuclear militar. Se deben dar todo tipo de garantías sobre el carácter pacífico de los programas emprendidos. En el caso de Irán, la AIEA demostró que este país había llevado a cabo en el pasado un programa nuclear clandestino. Francia, Alemania y el Reino Unido entablaron entonces un diálogo con Irán, que desarrollaron bajo los auspicios de la AIEA, en cooperación con Rusia, de forma transparente con Estados Unidos y en conexión con nuestros socios de la Unión Europea y del G8, así como con China. El objetivo de esta diligencia sigue siendo el de convencer a Teherán de que proporcione garantías objetivas del carácter civil de su programa. Hemos manifestado, de forma paralela, nuestra disposición para entablar con Irán una amplia cooperación en materia política, económica y energética. Hoy invito a las autoridades iraníes para que se decidan por la cooperación y la confianza, examinando realmente esta oferta europea, y vuelvan a sus compromisos de suspensión de actividades relacionadas con la producción de materiales fisibles, en conformidad con las exigencias del Acuerdo de París. La oferta europea está a la altura del papel de este gran país que es Irán y del papel que debe desempeñar en el mundo, un papel importante y con un lugar específico. Hay espacio para el diálogo y la negociación. Hacemos un llamamiento al espíritu de responsabilidad de Irán para restablecer la cooperación y la confianza, sin las cuales, y yo lo lamentaría, el Consejo de Seguridad no tendría otra posibilidad que hacerse cargo directamente de este asunto. La persistencia de focos de crisis regionales en Europa, en Asia, en África mantiene vivos los resentimientos y plantea un desafío al conjunto de la comunidad internacional. No obstante, Oriente Medio sigue siendo el centro de la inestabilidad planetaria. Por ello, todos nuestros socios de la región tienen enormes esperanzas en nuestra voluntad común de promover, con ellos, una solución al conflicto israelo-palestino. La valiente decisión israelí de abandonar Gaza y los esfuerzos de la Autoridad Palestina para terminar con la violencia crean las condiciones de una nueva dinámica. Francia se congratula por el desarrollo ejemplar de esta primera etapa. Ahora es preciso, en el marco de la hoja de ruta, reiniciar sin demora el camino de las negociaciones para lograr una paz fundamentada en dos Estados democráticos, que vivan en un ambiente de seguridad y uno al lado de otro. En Irak, el camino que lleva a instituciones consolidadas y a una soberanía plenamente recuperada será largo y doloroso. Debemos ayudar a este país a mantener su integridad y a construir un futuro en el cual cada componente de la sociedad ocupará el lugar que le corresponde, y llevar a los Estados vecinos a trabajar por la estabilidad regional. En el Líbano, una movilización popular sin precedente, apoyada por una solidaridad internacional ejemplar, pudo acabar con una larga ocupación militar siria. El pueblo libanés pudo expresarse, finalmente, con libertad. Ahora se abre, para las nuevas autoridades, la inmensa labor de reformas que la comunidad internacional está dispuesta a apoyar. Queda mucho por hacer también para consolidar la implementación de las resoluciones 1559, 1595 y 1614, que deben aplicarse de manera íntegra. Estos desarrollos mayores deben todavía afianzarse para que Líbano recupere totalmente su soberanía y vuelva la seguridad interna a la que aspiran, con razón, los libaneses. Constituyen también para Siria -si sabe aprovecharla- una oportunidad para dar nuevas bases a sus relaciones con Líbano y llevar a cabo los avances que el mundo y esta región en mutación esperan de su parte. Es ante todo, gracias a un compromiso determinado en pro de una solución justa de los conflictos, como la comunidad internacional puede contribuir mejor al éxito de las reformas en Oriente Medio. Este impulso, nacido del interior y en marcha desde hace tiempo, es ahora irresistible. Los miedos se disipan, los tabúes caen, revelando la profundidad de la evolución de los comportamientos y de las mentalidades. La democracia va ganando terreno, como lo demostraron las elecciones que, en algunos casos, no han tenido precedentes. Si queremos ir a la par de este movimiento, estimular las fuerzas del progreso, ganar la adhesión de un número cada vez mayor de países y de pueblos, debemos darles las pruebas de que el cambio puede producirse en un ambiente de paz y buscando el respeto de su identidad específica, sin llevarlos hacia el caos. Por ello debemos tender la mano tanto a los gobiernos como a las sociedades civiles que ya se encaminan hacia la instauración de un Estado de derecho, en el cual el ciudadano se vea representado, escuchado, respetado. Pues los pueblos de la región, debido a su historia, su cultura y su identidad, no aceptan injerencia, ni estigmatización, ni amalgamas, sino que aspiran a cooperaciones equilibradas y caracterizadas por la confianza con el resto del mundo. Por ello debemos construir una verdadera alianza estratégica, en torno a proyectos definidos en común, con cada uno de los países concernidos. Al respecto, Europa fue pionera. El 27 y el 28 de noviembre, una conferencia de Jefes de Estado y de Gobierno celebrará los diez años del proceso de Barcelona. La política europea de vecindad debe permitir que se afirme una nueva solidaridad entre las dos orillas del Mediterráneo, para que éste se convierta en un bloque económico y social más coherente, un bloque en el cual nuestro diálogo político pueda profundizarse y, por fin, iniciarse el diálogo intercultural entre los diferentes mundos que comparten este espacio. Francia desempeñará todo el papel que le corresponde para que se afirme esta gran ambición. En aras de un Magreb más unido y solidario, trabajamos para reforzar los vínculos con cada uno de sus componentes. En esta línea, estamos preparando con Argelia un tratado de amistad que ilustrará esta ambición. De ello dependen la prosperidad, la seguridad y la estabilidad de esta región. * * * Al lado de las crisis regionales, existen otros desafíos que comprometen el futuro de la humanidad y de nuestros valores. Mientras que la apertura de los intercambios, la circulación de los hombres y de las ideas generan una prosperidad sin precedentes, las reacciones de los pueblos, ¿no deben acaso llamar nuestra atención sobre el malestar cada vez mayor que suscita la globalización?. Concentrada en los intercambios económicos y financieros, la globalización aparece como una amenaza para la diversidad cultural, como un peligro para el medio ambiente, como un cuestionamiento insidioso del equilibrio de las sociedades. En las democracias, los miedos que provoca nutren el populismo y la xenofobia. La globalización se conforma además con la relegación de cientos de millones de mujeres y de hombres, en especial en África, que viven en la pobreza extrema, el hambre, la enfermedad y la ignorancia. * * * Ante estos desafíos, ahora menos que nunca, ningún país posee por sí mismo la respuesta. Es esta convicción la que guía el compromiso decidido de Francia en pro de un sistema internacional más democrático, más justo y más representativo de las realidades del mundo contemporáneo. Dentro de unos días viajaré a Nueva York con motivo de la Cumbre de las Naciones Unidas. Sesenta años después de la creación de la Organización, la necesidad de su existencia resulta más fuerte que nunca. En efecto, tal como lo comprendieron los autores de la Carta de San Francisco, la universalidad de las Naciones Unidas confiere a este organismo una legitimidad internacional única. Por esta razón, la ONU sigue siendo el marco principal e insustituible de la acción colectiva. Quiero hoy rendir un homenaje a la clarividencia del Secretario General, señor Kofi ANNAN, y a su compromiso en la preparación de esta Cumbre. Al haber decidido unir los retos planteados por la reforma institucional, el fortalecimiento de la seguridad colectiva, los derechos humanos y el desarrollo, sentó los términos justos de una consolidación del orden internacional fundado en tres pilares: la responsabilidad, la seguridad y la solidaridad. La responsabilidad, primer pilar, necesita la asociación de las principales potencias, así como también de los polos emergentes y de los bloques regionales, en los procesos de decisión colectiva y en el manejo de los problemas globales. Para superar los nuevos desafíos de la seguridad colectiva, para garantizar la paz, el mundo requiere un Consejo de Seguridad fuerte, que refleje mejor las realidades y los equilibrios de nuestro tiempo. Ya es hora de concretar la ampliación, demasiado tiempo diferida, de este foro esencial. La propuesta presentada por Alemania, Brasil, India y Japón responde a las exigencias de eficacia y de representatividad de las diferentes regiones, en especial de África. Francia, aún siendo muy consciente de las dificultades, desea que esta reforma se logre antes de la Cumbre de septiembre o, dado que previsiblemente será difícil, a más tardar, antes de fin de año. Más allá de ello, deberemos continuar el fortalecimiento de la gobernabilidad mundial. Deseo que la Cumbre de septiembre dé un impulso decisivo a la creación de una Organización de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. De la lucha contra el cambio climático a la preservación de la biodiversidad, el medio ambiente se encuentra en el centro de las responsabilidades de la comunidad internacional y la única forma de protegerlo eficazmente son los tratados internacionales que vinculan la responsabilidad de los Estados, como el Protocolo de Kioto. Resulta importante que el conjunto de los países del mundo, tal como se empezó a hacer en Gleneagles, puedan trabajar colectivamente. Defenderé también en Nueva York la creación de un nuevo foro de gobernabilidad económica y social de la globalización. La sistematización en el marco del G8 del diálogo ampliado a los países emergentes y también a los más pobres da fe de la necesidad de un foro de esta naturaleza. El segundo pilar es el fortalecimiento de los dispositivos de seguridad colectiva. En un mundo afectado por tantos factores de inestabilidad, en el cual el terrorismo mata a personas inocentes y trata de hacer más frágiles a los Estados, la lucha contra la proliferación de las armas de destrucción masiva y de sus vectores, sigue siendo, hoy más que nunca, una prioridad. Propongo que este tema, junto con la lucha en contra del terrorismo y el mantenimiento de la paz, esté en el centro de las discusiones que los Jefes de Estado y de Gobierno del Consejo de Seguridad sostendrán con motivo de esta Cumbre. Para reforzar la seguridad de las personas, la Cumbre de Nueva York deberá aprobar, con el apoyo activo de Francia, decisiones fuertes tales como la definición internacional del terrorismo, una comisión de consolidación de la paz y un mecanismo reforzado de protección de los derechos humanos. Tercer pilar: la solidaridad. La Cumbre de septiembre deberá representar una nueva etapa en la financiación del desarrollo con el lanzamiento de una primera contribución internacional de solidaridad basada en los billetes de avión. Junto con Francia, Alemania, Argelia, Brasil, Chile y España han decidido llevar juntos este proyecto a Nueva York. Para que se refleje en hechos concretos, de la manera más amplia y más rápida posible, nuestro país será el anfitrión en febrero de 2006 de una conferencia ministerial. Sin demora, he pedido al Gobierno que inicie las gestiones necesarias para la implementación de una contribución de esta naturaleza a partir de 2006. Francia propone que se asigne en primer lugar el producto de esta contribución a la lucha contra el SIDA, la tuberculosis y el paludismo. Francia está dispuesta a dedicar una parte de dichos fondos, en una etapa posterior, al reembolso de la “International Financing Facility” propuesta por el Reino Unido y que cuenta, dentro de este contexto general, con el apoyo de Francia. Existen otras emergencias sanitarias ante las que debemos permanecer muy atentos, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Me refiero especialmente a la gripe aviar, que debe ser objeto de una respuesta internacional contundente y concertada. La OMS ya está recomendando a los Estados que constituyan reservas de medicamentos. Francia, por su parte, está adoptando disposiciones en este sentido para proteger a su población, a título preventivo y precautorio. Vamos a intensificar nuestros esfuerzos. Ante el riesgo de una crisis sanitaria de enorme envergadura, he pedido además al Gobierno que examine, junto con nuestros socios, con las organizaciones internacionales competentes -en particular la OMS, a cuyo Director General voy a recibir en unos días- y con la industria farmacéutica, cuáles son las medidas que podrían adoptarse para acelerar el desarrollo de una vacuna y garantizar que, en caso de necesidad, estén inmediatamente disponibles reservas suficientes de medicamentos para mantener a raya la propagación de esta plaga, incluso en los países más desfavorecidos. * El desarrollo significa también el término de la Ronda de Doha en 2006. La Conferencia de la OMC en Hong Kong en diciembre será, al respecto, decisiva. La conclusión de la negociación dependerá del equilibrio entre los distintos aspectos del tema agrícola, por un lado, y entre la agricultura y los otros temas de la ronda, por el otro. En pro del desarrollo, y sin esperar la conclusión de la negociación reitero mi propuesta de una moratoria inmediata relativa a todos los subsidios agrícolas para la exportación con destino a África. * Organizar un nuevo orden mundial fundamentado en la dignidad del hombre significa también respetar la diversidad de las identidades y de las culturas. Estamos en la recta final de la negociación del convenio sobre la diversidad cultural. Quiero exhortar a cada una y cada uno de ustedes a que movilice sus esfuerzos para consolidar los apoyos a este texto, con el fin de que sea aprobado durante la próxima conferencia general de la UNESCO, en octubre. * La Francofonía ha estado desde un principio en la vanguardia del combate por la diversidad cultural. Sus ambiciones y su acción se están extendiendo más allá y pretenden crear un espacio de democracia, paz y solidaridad. Allá donde se encuentren, tienen la responsabilidad dar vida a este ideal y velar por la aplicación de los compromisos adoptados en la cumbre de Ugadugu. Dentro de este mismo espíritu de proyección de nuestro idioma, nuestra cultura y nuestros valores, se inscribe el proyecto de cadena internacional de información, que, como ya saben, para mí resulta de la mayor importancia. * Finalmente, este año del desarrollo concluirá en diciembre, en Bamako, con la Cumbre África/Francia. Este encuentro me dará la oportunidad de reafirmar nuestro compromiso al lado de África y de sus jóvenes: unos jóvenes que aspiran a encontrar en su continente educación, salud, trabajo, seguridad, todo lo que debe permitirles integrarse plenamente en el mundo moderno. Estos objetivos, que son en particular los de la Unión Africana y del NEPAD, deben movilizarnos a todos. Se encuentran en el centro de la reforma de la cooperación francesa, apoyada por el aumento constante de los recursos de nuestra ayuda pública al desarrollo, que estoy siguiendo con la mayor atención. La ambición de la Unión Africana consiste en un continente en paz avanzando por el camino del desarrollo y del Estado de derecho. De ahí la importancia de una acción resuelta centrada en la resolución de los conflictos. En Costa de Marfil, hoy más que nunca, la salida de la crisis pasa por la celebración de unas elecciones presidenciales incontrovertibles: es absolutamente urgente una movilización sincera de los actores políticos del país alrededor de este objetivo. Francia, al igual que el resto de la comunidad internacional, confía en la mediación africana llevada a cabo por Sudáfrica, así como en la acción de la ONU, para que los costamarfileños, sin exclusión alguna, puedan elegir libremente a su presidente y emprender sin demora las vías de la reconciliación. * * * Organizar nuestro mundo significa también aceptar la nueva realidad. Un mundo en el cual nuevos actores se afirman, en el cual la integración regional en África, en Latinoamérica o en el Sudeste Asiático no deja de progresar. En este mundo multipolar, sólo la Unión Europea tiene el tamaño adecuado para establecer un diálogo en un pie de igualdad con sus grandes socios. La Unión es, para las generaciones futuras, la garantía de nuestra seguridad y de nuestra prosperidad. Una Europa fuerte contribuye también a la vitalidad de un vínculo transatlántico equilibrado, necesario para la estabilidad del mundo y basado en una relación de cooperación y de confianza con los Estados Unidos, país al que nos unen tantos valores comunes. Por ello debemos buscar, en la crisis que conocemos, la fuerza de un nuevo impulso europeo. Debemos, para ello, tomar en cuenta las preocupaciones y las expectativas que se manifestaron el pasado 29 de mayo y crear un nuevo consenso, más bien diría yo, una nueva adhesión de los ciudadanos al proyecto europeo. Con la perspectiva de la reunión informal de los Jefes de Estado y de Gobierno, organizada por Tony Blair en octubre, y posteriormente del encuentro previsto bajo la presidencia austríaca, en el primer semestre de 2006, he pedido al Primer Ministro que me haga propuestas para asociar más estrechamente al Parlamento francés y también a las entidades locales, a los interlocutores sociales y a la sociedad civil, a los procesos de decisión europeos, ya que necesitamos proponer a los franceses otra manera de construir Europa, probablemente más democrática y que los asocie mejor a las decisiones que tendrán una influencia en su futuro. En el debate que se inicia sobre el porvenir de Europa, Francia recordará la necesidad de instituciones renovadas y adaptadas. Reafirmaré con fuerza la visión francesa de una Europa política, ambiciosa, social y solidaria. Una visión que Francia comparte con Alemania y que nuestros dos países, motor insustituible de la construcción europea, seguirán impulsando juntos. Europa no tiene la vocación de ser una amplia zona de libre comercio diluida en la economía globalizada. Europa es ante todo un proyecto político fundamentado en valores comunes. Un proyecto que se basa en unas reglas, la mancomunidad de los recursos, la cooperación, unas políticas comunes. Lo que caracteriza fundamentalmente el proyecto europeo es, en primer lugar, una exigencia de solidaridad. Solidaridad para que Europa defienda mejor sus intereses en un mundo en el cual la competencia económica es cada vez más reñida. Solidaridad para hacer que prevalezca una preferencia europea y defender con vigor nuestros intereses comerciales contra las prácticas de competencia desleal. Solidaridad con los nuevos Estados miembros para que puedan, como hicieron sus predecesores, alcanzar el nivel de vida de sus socios y tener un desarrollo que beneficiará a toda la Unión. Esto es lo que está en juego en el presupuesto europeo para el periodo 2007-2013. Por ello deseo que se logre un acuerdo, si es posible, antes de fin de año, basado en las propuestas de la presidencia luxemburguesa y respetando los acuerdos existentes, con el objeto de que todos los países miembros de la Unión asuman la parte que les corresponde en la financiación de la ampliación. El proyecto europeo radica asimismo en una exigencia de armonización. Europa no significa la búsqueda a toda costa del nivel más bajo en materia fiscal o social. Europa son reglas comunes que permiten mejorar las legislaciones sociales, defender a los consumidores y a los servicios públicos, proteger el medio ambiente. Francia estará muy atenta a la nueva propuesta de directiva “Servicios” y en las negociaciones sobre la directiva “Ordenación del tiempo de trabajo”. Para preservar su unidad y su vocación política, Europa debe mantener el rumbo de la cohesión. A falta de instituciones capaces de hacer que funcione eficazmente la Europa ampliada, el tema de su extensión geográfica se encuentra hoy día en el centro de la reflexión que debemos llevar a cabo con nuestros socios. Por supuesto, existen compromisos y Francia los asumirá. Pero siempre y cuando los países, que deseen adherirse a la Unión, respeten todas las condiciones al pie de la letra. La apertura de negociaciones con Turquía sólo es el principio del largo y difícil camino -con un final incierto- un camino que va a tomar este gran país, este grandísimo país que aspira a formar parte de la Unión: es decir adherirse al conjunto de nuestros valores y de nuestras reglas. A raíz de su declaración unilateral sobre Chipre, Turquía deberá aportar explicaciones y dar seguridad a la Unión de los 25 de su voluntad de respetar plenamente sus obligaciones. Europa no debe limitarse a una construcción institucional, abstracta y normativa. Debe, para existir en el corazón de sus ciudadanos, encarnarse en proyectos concretos y palpables, que respondan a las expectativas y a las preocupaciones que se han manifestado. Aunemos nuestros esfuerzos en pro de la investigación y de la innovación, como hemos empezado a hacerlo con Alemania. Demos realce a nuestras ventajas industriales para crear grandes campeones europeos. Reforcemos con determinación la gobernabilidad económica dentro de la zona Euro mediante un diálogo más exigente entre el Eurogrupo y el Banco Central Europeo sobre la política de cambio y, en general, sobre la forma de dinamizar el crecimiento y el empleo. Aceleremos la realización de las grandes redes transeuropeas especialmente para estrechar los lazos con nuestros nuevos socios. Estos temas estarán en el centro de las propuestas que presentaré en la reunión del Consejo Europeo informal de octubre. Europa debe también seguir avanzando en el ámbito de la defensa, ya se trate de compromisos exteriores, de recursos o de capacitación. En todos los continentes, la necesidad de Europa es palpable. En los Balcanes, la Unión debe continuar su acción en Bosnia y asociarse más a la evolución de Kosovo hacia su estatuto final, tomando el relevo de la misión de policía de las Naciones Unidas. En África, Francia está dispuesta a integrar su programa RECAMP en el marco de la Unión Europea para apoyar más eficazmente los esfuerzos de la Unión Africana, como lo hizo en Darfur. En Asia, la misión de la Unión Europea en la provincia de Aceh, en Indonesia, refleja la voluntad de Europa de ser un socio estratégico para la ASEAN. Pero, para ser reconocida en el mundo como actor global en el campo de la paz y de la seguridad, Europa debe seguir fortaleciendo sus instrumentos colectivos. El Centro de Operaciones de la Unión Europea deberá incluso estar en condiciones de conducir otras operaciones militares autónomas del tipo “Artemis” en la República Democrática del Congo. Europa debe estar a la vanguardia de las tecnologías militares. La Agencia Europea de Defensa debe recibir un verdadero presupuesto de investigación y de desarrollo, y asumir, sin demora, la responsabilidad de proyectos concretos: por ejemplo, el proyecto de “drones” o de flotas de aviones de abastecimiento. Finalmente, nuestro personal militar será sin duda llamado, cada vez más, a trabajar en conjunto. Con Bélgica, hicimos propuestas en el ámbito de la capacitación de pilotos de caza. Deseo que se emprenda una reflexión parecida sobre la puesta en marcha de capacitación de nuestros oficiales en el mar, con un buque escuela europeo. Con una integración cada vez mayor de nuestros instrumentos de defensa y de seguridad, daremos a Europa las capacidades que corresponden a su influencia y su proyección. * * * Excelentísimas señoras y excelentísimos señores Embajadores: Francia libra con determinación la batalla de la economía mundial. Procurando conquistar nuevos mercados, sabiendo aprovechar las oportunidades que se ofrecen a nuestra economía, aceleraremos la generación de empleo en Francia y haremos retroceder de forma duradera el desempleo. Esto forma parte de sus responsabilidades como embajadores. Francia tiene la inteligencia, el talento, la capacidad industrial, la tecnología, el conocimiento para ir al encuentro del desarrollo de sus socios y contribuir, por su dinamismo y sus inversiones, a satisfacer las necesidades de mercados emergentes en plena expansión. Al haber ganado la competición para ser la sede del reactor ITER, Francia demostró una vez más la atracción que ejerce su territorio en los investigadores del mundo entero. Es imprescindible que aprovechemos mejor estas ventajas y nos dirijamos con mayor determinación más allá de nuestros mercados europeos tradicionales. Debemos recuperar el retraso que hemos acumulado en este ámbito. Tengo la intención, el próximo año, de reforzar nuestros lazos con nuestros socios más importantes, para promover las altas tecnologías -que han dado fama y fuerza a nuestro país- e incrementar la proyección política, económica y cultural de Francia en todos los continentes. Ya en octubre viajaré a Kazajistán y a Ucrania, dos países con un fuerte crecimiento con los cuales Francia desea desarrollar una alianza estratégica equilibrada. Con Rusia, Francia tiene la intención de reforzar todavía más su alianza estratégica para apoyar el proyecto modernizador de este país. Francia desea trabajar con dicho país en el establecimiento de cuatro espacios comunes con la Unión Europea y en la preparación de su primera presidencia del G8. En Asia, Francia hará que fructifique su capital de confianza ante socios con los cuales mantiene, desde hace varios años, un diálogo estratégico, como China, India y Japón. En unos cuantos días se clausurarán en el Palacio de Verano, en Pekín, en presencia del Presidente del Senado, los años cruzados Francia/China, que contribuyeron a reforzar nuestra alianza estratégica global. Recibiré en otoño próximo al Primer Ministro chino y viajaré nuevamente a China el año próximo. En cuanto a India, a cuyo Primer Ministro recibiré dentro de unos días, nuestras relaciones comerciales y nuestras inversiones se encuentran en plena expansión. Para dar un nuevo impulso a nuestra relación estratégica con esta gran democracia, tengo la intención de viajar a este país a principios de 2006. Mientras que la ASEAN refuerza su integración, debemos asimismo ampliar nuestros lazos políticos y económicos con este gran conjunto dinámico. Tras mi visita a Singapur en Julio, en enero próximo viajaré a Tailandia, para la primera visita de un Jefe de Estado francés, y a Indonesia, en donde debemos afirmar todavía más la presencia de Francia. América del Sur se afirma y se abren ante ella grandes perspectivas de crecimiento. Después de haber sido el anfitrión del Presidente LULA DA SILVA, como invitado de honor de nuestra Fiesta Nacional, deseo viajar a Brasil así como a Chile durante la primavera. En estos viajes, me acompañarán empresarios. Tengo la intención de promocionar esta Francia moderna que emprende, que innova y que crea, una Francia determinada a superar los desafíos del futuro, a trazar en este siglo un camino que esté a la altura de su historia.

Muchas gracias

Muchas gracias.




Otros sitios